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Andrés Ortiz-Osés
Razón y sentido. Aufsätze zur symbolischen Hermeneutik der Kultur

"Ortiz Osés nos invita a una surf-filosofía o filosofía acuática, en calidad de respuesta líquida, in-sólida, incontenible pero avenible ante la tradición filosófica más academicista, demasiado anquilosada con su concepto sólido, cerrado, cuando no ontoteológico de ser."

De todo el panorama filosófico contemporáneo español, probablemente los más célebres sean el escritor Unamuno, el intelectual Ortega, así como los filósofos Xavier Zubiri o Eugenio Trías. Pero la traducción al alemán de varios artículos representativos de la obra prolífica de Andrés Ortiz Osés no debe pasar desapercibida para todo aquel que muestre interés por la cultura española actual. Catedrático de Metafísica de la Universidad de Deusto (Bilbao), coeditor del valioso Diccionario de Hermenéutica, Andrés Ortiz Osés es ante todo un pensador vasco-español y un escritor infatigable con un estilo sin igual. Fundador en España de la hermenéutica simbólica, Ortiz Osés explota igualmente de raíz nuevas posibilidades significativas de la lengua castellana, como las que ha sabido emular en alemán con tanto acierto y destreza el traductor, el Dr. Ibon Zubiaur. Tras las estelas abiertas por Nietzsche, Gadamer y el círculo junguiano de Eranos, el pensamiento de Ortiz Osés reivindica la pertinencia de una filosofía del Sentido: una tarea esencialmente axiológica, interpretando mitos, tradiciones y símbolos de diversas culturas (especialmente la hispana y la vasca), que le lleva a defender asimismo el sentido de una filosofía latino-mediterránea, práctica para la vida misma.

La obra que nos ocupa se abre con un prólogo de Ortiz Osés para el público germanófono y con una entrevista hecha al mismo autor, que nos introducen muy acertadamente no sólo en su trayectoria filosófica (brutalmente desencadenada con el asesinato del padre de Andrés Ortiz Osés, cuando éste era todavía un niño en la España franquista de 1948), sino también en su pensamiento y conceptos más importantes: definición del Sentido como co-implicación de los contrarios, sutura simbólica de la fractura real (ontológica), co-razón, con-sentimiento. No se trata de hacer una filosofía del ser, sino del -muy castellano- estar, esto es: según una razón afectiva y dualéctica (que no dialéctica), relacional (pero no relativista), más allá de todo planteamiento dicotómico y sin caer tampoco ni en un nihilismo ni en alguna reconciliación final absoluta o metarrelato.

El cap. I se centra por ello en explicitar teóricamente el sentido simbólico de tal propuesta de pensamiento, empezando por la defensa de una filosofía latino-mediterránea, sabia, práctica, raciosensista, en la que se entrecruzan concepto y vivencia, sentido/sentimiento e inteligencia, una corriente ya patente según Ortiz Osés en la tradición filosófica española (con Gracián, Unamuno, Ortega y Gasset, Zubiri, Amor Ruibal, Aranguren, Rof Carballo, G. Bacca, M. Zambrano, R. Panikkar o E. Trías), y como complemento de la filosofía nórdica, germana y anglosajona, de corte más sistemático-racional cuando no cientificista. De ahí el artículo titulado "Eurofratría", una visión a favor de Europa -desde sus orígenes matriarcales cretenses- como una fratría intercultural. Como contrapunto armonioso a tal destino de convivencia, el capítulo se cierra con un muy interesante trabajo sobre la identidad hermenéutica iberoamericana de innegable valor universal. Según el autor, la razón iberoamericana es la resulta mestiza del choque entre el cosmonaturalismo amerindio (caracterizado por una interdependencia universal y cíclica de la vida) y la cosmovisión aportada por los españoles tras la Conquista (siendo esta última una ampliación imperialista al continente americano del sentido político-religioso perdido tras la invasión musulmana y recuperado con la Reconquista, amén de la (loca) búsqueda del sentido de Don Quijote, o de la búsqueda mística y transcendente de Abenarabí de Murcia y San Juan de la Cruz, de la nómada de Don Juan o, por último, de la de Quevedo más allá de la muerte). Con todo, parece ser la cosmovisión amerindia la finalmente determinante en la cosmovisión y literatura iberoamericanas contemporáneas, pues a diferencia de los patriarcales Conquistadores (desde Colón a Ginés de Sepúlveda, con la excepción de Las Casas) que concibieron la naturaleza como un objeto explotable, los poetas latinoamericanos más bien han hecho de la naturaleza el sujeto por autonomasia de la lengua castellana, como puede apreciarse según el autor en Sor Juana Inés de la Cruz, A. Storni, Neruda, J. Martí, G. García Márquez, R. Darío, H. Lindo, Borges, O. Paz y R. Juarroz. Extrañamos, sin embargo, en el análisis de Ortiz Osés la ausencia de nombres tales como J. Cortázar o J. Rulfo. Asimismo lamentamos el uso desafortunado y varias veces repetido del término americano, dadas las sobradas connotaciones yanquis del mismo. El presente artículo es, sin embargo, de los más interesantes que pueda leerse por la tesis defendida de una lengua casi autónoma, henchida de la natura naturans presente en la cosmovisión iberoamericana. En su seno, en efecto, el hombre no sería como en Occidente pastor del ser sino "pasto del ser" un aparente, pero muy profundo, juego de palabras, muy al estilo de Ortiz Osés.

Tras abrir el cap. II con un texto téorico sobre el método hermenéutico adoptado por el autor, seguidor del Círculo de Eranos, Ortiz Osés presenta sus propias interpretaciones simbólicas de diversos mitos y tradiciones de las culturas vasca y española. Destaca ante todo el mito matriarcal vasco de la diosa omnipariente y ctónica (A)Mari, en consonancia con los trabajos de J.M. Barandiarán y J. Przyluski. (Ortiz Osés es autor de La diosa madre, una obra clásica al respecto). Asimismo merecen mención especial sus interpretaciones simbólicas del carnaval (lucha entre negros y rojos) y del juego de la pelota vascos, entendidos ambos como una lucha entre el inframundo matriarcal y el mundo solar patriarcal, donde la figura lunar (las figuras blancas y la pelota blanca respectivamente) hace las veces de mediadora. En cuanto a los artículos sobre la tauromaquia, toda la argumentación gira en torno a relacionarla con los antiguos ritos de fertilidad, teniendo el toro un carácter originariamente matriarcal, una tesis difícil de probar, sobre todo si pensamos en la actual tauromaquia española, pero coherente con los postulados hermenéuticos del autor. En la simbólica del fútbol, empero, sostiene el autor el carácter solar de dicho deporte. Más acertada, en cambio, nos parece la interpretación sobre la ópera Carmen, un amor fati entre el apolíneo Don José dionisificado y la dionisíaca Carmen apolinizada, donde amor y muerte se conjugan, pues "sin amor no puede uno vivir, y con él te desvives".

Pero, en nuestra opinión, la mejor parte de la presente obra la constituye el cap. III, en especial el artículo sobre las Mitologías culturales, una suerte de abanico de cosmovisiones, en función de los arquetipos del origen, empezando por la mitología del origen indefinido típica en Oriente (especialmente en el hinduismo, el budismo y el taoísmo), siguiendo con la cosmovisión matriarcal (divinización de la naturaleza, típica en el paleolítico y en los orígenes de la cultura vasca), pasando por la patriarcal (divinización del cielo-padre en sus dos vertientes: indoeuropea y hebraica, además de la alusión al Islamismo y a la filosofía occidental desde Platón hasta Hegel), desembocando en la mitología filial (con los hijos paredros o amantes de la diosa madre: Dioniso, Adonis, Atiz y Tammuz, que mueren y renacen, pero subordinados a los ciclos de la diosa madre), y más tarde en la mitología fratriarcal (con el Cristianismo como una nueva religión del hijo, en la que Jesucristo es el arquetipo del hermano y, por ende, foco de una fraternidad universal o isophilia), acabando el recorrido en la mitología postmoderna del coímplice o mitología de la amistad, defendida por el autor, que supera las dependencias familiares anteriores de madre, padre, hijo e incluso hermano. Aunque el artículo nos parece excelente, echamos de menos alguna reflexión sobre la cosmovisión -tan extendida en nuestra sociedad postindustrial- que pueda tener hoy en día un nihilista, un agnóstico o un ateo. Tal vez pueda constituir un intento de respuesta a esta cuestión el siguiente artículo titulado Ética del mal, en donde Ortiz Osés critica abiertamente toda ética clásica u oficial del bien en contra del mal, al partir ésta y tomar tan sólo en cuenta el bien (para no tocar el mal), cuando habría que partir de la constatación (o no olvido) del mal ontológico, real. (No olvidemos que el padre del autor fue asesinado). Ortiz Osés no practica, sin embargo, un maniobra de inversión de paradigma, sino de asunción del mal en clave junguiana, implicándolo con el bien y viceversa: Gott ist der/das Eine und der/das Andere. Según el autor, en efecto, es necesaria una nueva ética, postclásica, antiheroica, implicativa y no explicativa, pues no existe ningún remedio completo, sino tan sólo cierta consolación y remedo transversal, simbólico, posible. Como muestra concreta de tal filosofía acaba el cap. III con diversos aforismos propios del autor sobre temas como el lenguaje, el amor, el sexo, el sentido de la vida, los límites del saber, Dios, la vida o la muerte, y en donde el lector podrá reconocer un claro diálogo crítico -a veces en tono de sospecha- con Wittgenstein, San Agustín, Freud o Heidegger. Hay que hacer notar, a este respecto, que los aforismos de Ortiz Osés son una parte fundamental de su obra, teniendo los mismos tanto un interés filosófico como uno filológico (al igual que el resto de su obra).

Por último, la obra se cierra primero con un texto sobre el Juicio Final una interpretación original del famoso mural de la Capilla Sixtina, obra de Miguel Ángel, con algunos motivos ilustrados en el libro , y luego con otro artículo sobre el sentido de/en la filosofía española. Ortiz Osés interpreta, en efecto, el sentido de la obra de autores tales como Suárez, Luis Vives, Unamuno, Ortega o Zubiri, deteniéndose especialmente en la obra del gallego Amor Ruibal (ser como relación), de Eugenio Trías (ser como límite) y la propia de Ortiz Osés (ser como relación de implicación), y encontrando en todos ellos una puesta en tela de juicio de la hegemonía totémica, substancialista e indoeuropea del ser, lo que le lleva a reivindicar de nuevo la pertinencia de una filosofía latino-mediterránea del estar-en-el-mundo: una suerte de inversión de la diferencia ontológica heideggeriana (o más aún, aristotélica), dando primacía al valor implicativo del accidental estar humano Dasein , frente a la verdad esencialista o explicativa del ser. Ortiz Osés nos invita así a una surf-filosofía o filosofía acuática, en calidad de respuesta líquida, in-sólida, incontenible pero avenible ante la tradición filosófica más academicista, demasiado anquilosada con su concepto sólido, cerrado, cuando no ontoteológico de ser. No en vano entendió ya Ortega la Filosofía como una ars natatoria. La insistencia sin tregua de Andrés Ortiz Osés en la primacía de la pregunta por el Sentido parece responder a la misma estancia original de desamparo que Ortega tomaba como punto de partida de su raciovitalismo. Ante la misma, sólo una coimplicación de los símbolos parece poder todavía salvarnos según Andrés Ortiz Osés. Para el lector extrañado por tal invitación al pensamiento no cabe sino remitirnos a Gadamer, el cual sostenía que todo texto encierra siempre un horizonte de verdad y merece la pena ser escuchado.

Fernando Pérez Alonso

"Una obra singular para pensar la reconstrucciön de Europa desde coordenadas diferenciadas, plurales y abiertas"

Andres Ortiz-Oses (1943) es un filösofo espanol radicado en el Pais Vasco, en cuya Universidad de Deusto en Bilbao ensena Metafisica y Hermeneutica. Se trata por lo tanto de un filösofo y hermeneuta, aunque tambien de un antropölogo y ensayista que ha cruzado en su discurso la Escuela de Heidegger y la Escuela de Jung. A partir de aqui el autor ha proyectado una Hermeneutica simbölica que tiene por objetivo la interpretaciön axiolögica del Sentido, el cual no es la razön o verdad pura (puritana) sino la razön impura o encarnada, la razön crom itica o afectiva, la razön simbölica: el alma de las cosas.

De esta guisa, la razön cläsica se convierte en razön-sentido, una razön sensible o sensual propia de una filosofia sudista, latino-mediterränea e hispano-americana, caracterizada por una razön afectiva (sensus). Esta posiciön le permite comprender las culturas y sus manifestaciones en sus pautas valorativas, descubriendo mäs acä de sus estructuras superficiales el trasfondo vivencial o experiencial, la urdimbre psicoanimica, la mitologia soterrada tras el logos racional.


Tras presentar la teoria hermeneutica y su metodologia, el autor nos ofrece un elenco importante de su präctica hermeneutica, aplicada tanto a la cultura nördica como a la cultura sudista. Relevante resulta al respecto su diferenciaciön entre la hegemönica cultura indoeuropea y el trasfondo pre-indoeuropeo, tal y como se manifiesta en la arcaica cultura vasca con su Diosa Madre (Amari), asi como en manifestaciones culturales hispanas como el carnaval, la tauromaquia, el juego del fütbol y de la pelota, el mito de Carmen.

La clave de böveda de una tal Hermeneutica simbölica estä en la coimplicaciön de los contrarios, buscando una sintesis medial , democrätica o intersubjetiva tanto de la estructura patrial-formalista como de la urdimbre matrial-naturalista: el autor denomina a esa sintesis mediadora el fratriarcal personalismo, tal y como comparece en la figura pagana de Hermes y en la figura cristiana del Cristo que, en el Juicio Final de Miguel Angel, trata de re-mediar el extremismo de los opuestos (buenos y malos) congregados en torno a su Amor cual Fuego purificador.

Todo ello da fe de la originalidad de este creativo pensador hispano, que estudiö filosofia y ciencias humanas en Roma e Innsbruck, y que colaborö con el Circulo Eranos en Suiza. A partir de sus mentores europeos Heidegger y Gadamer, M. Eliade y G. Durand-, nuestro autor ha realizado una autönoma/autöctona concepciön del mundo que, inscrita en la tradiciön que va de Unamuno a Ortega y Gasset, es capaz de suturar simbölicamente nuestro fragmentado mundo (sölo abstractamente globalizado). Pero la creatividad del autor espanol se manifiesta tambien en una lenguaje poderoso, como ha mostrado su incisivo traductor Ibon Zubiaur (Univ. Tubinga), puesto que no hay mundo sin lenguaje, como reza una tesis hermeneutica compartida tambien por Wittgenstein y socios.

En definitiva un libro interesante y diferente, pleno de sentido y sensibilidad, que hay que agradecer a la emergente Editorial Filos, conducida filosöficamente por Astrid Melzer-Titel, bien conocedora de la tradiciön hispano-latina que hunde sus raices hermeneuticas en el gran Renacimiento, todavia latente/latiente bajo la hegemonia de un racionalismo funcional en crisis. Una obra singular para pensar la reconstrucciön de Europa desde coordenadas diferenciadas, plurales y abiertas.

Luis Garagalza